Apuntes alimenticios
“El hombre es en su alma lo que piensa y en su ser lo que come, por eso necesita variedad y calidad en los alimentos que escoge para su diario sostenimiento”
Nuestra comida asesina
Al comprender el proceso
químico maravilloso que se realiza en nuestro laboratorio interno-el aparato
digestivo-, se ve la necesidad de introducir cambios en la forma de
alimentarnos. Hay comidas exquisitas, cuyo delicioso sabor solo se percibe
hasta llegar a la garganta, pero de ahí en adelante solo puede ser considerada
“génesis” de venenos que lenta pero eficazmente contaminan y degeneran el
delicado mecanismo humano. Como decía el
Dr. Burche Benner,“ No todo lo que se vende en el mercado como alimento lo es
realmente”. Solo aquello que consumimos y ayuda para conservar la fuerza
vital, que nutre las células y les
asegura su capacidad de reproducción puede ser considerado alimento. Parecería
ilógico hablar en estos términos, pero la realidad es que, con frecuencia, “nos
llenamos”, pero, no nos nutrimos” como decía
el famoso escritor Anthelme Brillant-Savarín en su libro Fisiología del
gusto: “Los animales se alimentan, el hombre come; pero, solo el hombre de
talento sabe comer” y añadía: ”El
descubrimiento de un nuevo manjar causa más felicidad al género humano que el
descubrimiento de una nueva estrella”, aunque
con frecuencia estos manjares lo lleven a uno cada día más cerca de la
sepultura,
Ejemplos de estos
“pseudoalimentos” son: helados, caramelos y dulces con azúcar refinada, carne
en sus diferentes formas y procedencias, gaseosas en general, café, salchichas
y embutidos, chocolate, vino, hamburguesas, hot dogs, papas fritas…entre otras.
El gran problema con
estos alimentos es que son de apetitoso sabor y hermosa apariencia; se
disfrazan como el camaleón pero contienen el germen de las enfermedades, pérdida de la juventud,
vitalidad e intelecto y en últimas,
encierran la terrible semilla de la
muerte dolorosa…
Pero, amable lector(a), tenga usted bien presente, que no solo es
asesina la comida mencionada anteriormente, muchas veces se puede decir como dijeron unos jóvenes al
profeta hebreo Eliseo. “Varón de Dios,
la muerte está en la olla¡¡”, el que ingiere solo alimentos cocidos se
priva de la mayor parte de las células
vivas de sustitución, ninguna de las cuales
puede resistir a una temperatura
de cocción superior al punto de ebullición del agua, 100 grados
centígrados. Cuando faltan estas células
vivas empieza el proceso de debilitamiento y degeneración de las células, tejidos, órganos, aparatos y sistemas de la grandiosa maquinaria viviente. En pocas palabras,
abrimos la puerta a la enfermedad, la tristeza, la desolación y la muerte.
Con mayor razón, si se
trata de una alimentación a base de conservas
esterilizadas a una temperatura
supremos a los 120 grados, y más
aún, cuando están envasadas en recipientes de lata o plástico. Es este caso es necesario sonar la alerta, pues el asunto
pasa de “castaño a oscuro”, la crisis es inminente, un desastre se
avecina porque todas las partes del
cuerpo entran en rápida decrepitud, la vitalidad se agota hasta
que sobreviene la muerte en forma
muy prematura. Hoy en día, los producto envasados, sintéticos, el uso indiscriminado
de ají, té, café, pimienta y toda clase
se sazonadores comerciales permite el tráfico interno de la muerte en el
organismo; se abre la boca, se da gusto
al paladar y poco después estamos en la sala de operaciones, en el quirófano,
donde el médico cual inquisidor moderno bisturí en mano nos extrae la vesícula,
el apéndice, los ganglios y a las queridas damas el útero, las mamas o simplemente los ovarios
¡Que triste final!
Para conservar nuestra
salud, se necesita una cantidad de alimento sano y nutritivo. Si actuamos con
prudencia, podremos conseguir en cualquier lugar los productos que más
favorecen a la salud; arroz integral,
trigo, maíz y avena, al igual que
también los frijoles, garbanzos y
lenteja etc. Se encuentran hoy en todas partes. Las frutas de cada región
geográfica y las verduras frescas
facilitarán la elección y la preparación de agradables menús sin necesidad de carnes ni sustancias
perjudiciales.
Conclusión
Las células animadas son
la base de la constitución del cuerpo humano y sólo se encuentran en los
alimentos vivientes. Es menester comprender el sincronismo existente entre la
vida celular y la alimentación racional.
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